miércoles, 11 de mayo de 2016

NOCHE DE FANTASMAS

Altar funerario romano (foto de E. Henares)

Llueve a cántaros, y, a pesar de eso, un par de mis personajes aparecen en mi casa. Llegan quejándose del tiempo y el agua chorrea desde sus capotes engrasados.
- ¡Cómo venís! Esperad un momento que os traigo unas toallas... ¿No falta alguien?
Ambos hacen gestos de extrañeza y miran a sus espaldas.
- Me refiero a vuestro amigo, a ése tan aficionado a la cacería... ¿Qué?, ¿bañando de nuevo a los perros?
- ¡Ah!... No, está de guardia.
- Y con semejante temporal, lo que necesitamos no es bañar a los perros, sino mantenerlos secos.

El narrador de nuestras novelas y su amigo, el guapo, agradecen con sonrisas las toallas que les tiendo. Se echan atrás las capuchas, se quitan los capotes y se quedan con ellos en las manos, mirando a su alrededor en busca de un lugar donde dejarlos. Los cojo con cuidado y los saco al recibidor:
- Menos mal que no habéis aterrizado en ninguna de mis alfombras - les digo, tratando de encontrarle el lado bueno al enorme charco que estos dos viajeros tienen a sus pies, y al fango que traen en las botas.
- ¿Aterrizado? - me interroga el guapo - Explícame eso, encanto.
- Otro día, - propone el narrador -, que hoy venimos a otra cosa.
- ¡Eso! Tú a lo tuyo - protesta su amigo.
- No me lo digas: seguís buscando a Prisca..
- Esa abuelita no hace otra cosa que darnos dolores de cabeza - se queja el guapo.
- Ella dice que sólo quiere ayudar - tercio en favor de Prisca.
- Pues con ayudas como la suya, ¡quién necesita hados funestos! - el oficial guapo se encoje de hombros con una sonrisa encantadora - Anda, cuéntale la que se ha organizado por culpa de la suegra de tu asistente y esa aparecida.
- ¿Qué aparecida? - finjo no saber nada del asunto, aunque ayer algo me contó Prisca. Quiero saber la versión oficial.
- Por si ya tuviéramos pocos conflictos por culpa del vecindario y el dichoso velatorio de la mujer muerta en las Floralia...-
- Que yo creo que ya tendría que estar decentemente incinerada - le interrumpe su amigo - Pero la familia quería la novena completa de duelo, para que diera tiempo a que llegaran parientes desde Hispalis. Un trabajo complicado para el libitinario, con esta humedad... Pero he de reconocer que, aunque es más bien nuevo en la colonia, tiene de verdad la experiencia que pone en el cartel del anuncio de la fachada de su casa, y ha hecho un trabajo impecable con el cadáver.
- Y nosotros, mientras, intentando investigar sin perder el respeto por el luto.
- ¡Estoy hasta más arriba del flequillo de hacerme aspersiones de agua lustral cada vez que entro o salgo de ese piso! - se queja el guapo - Pero, cuenta, cuenta...
- Si me dejas... El caso es que la primera noche de Lemurias, cuando salimos de aquí, nos cruzamos en el camino con un mensajero que enviaban nuestros compañeros desde el Pasado, para avisarnos de que se había producido un suceso extraño en la ciudad, que había alarmado a todos los vecinos del barrio donde había sucedido el crimen. Nos apresuramos y nos fuimos directamente para allá. Cuando llegamos, la calle y las plazoletas próximas estaban más iluminadas que si todavía estuviéramos celebrando las Floralia. Había teas encendidas junto a las puertas y lámparas en todas las ventanas. Los vecinos formaban corros en las aceras, con lamparillas y velas en las manos, y algún que otro supersticioso tiraba habas por los rincones. Los hombres de la patrulla de vigilia, que eran los que habían dado la voz de alarma para que nos avisaran, estaban en la puerta del edificio donde vivía la difunta, con los faroles encendidos. Les preguntamos qué pasaba y cómo era que permitían que hubiera tanta gente en la calle a esas horas de la noche; y nos contaron que nadie quería volver a la cama, porque se rumoreaba que la difunta se había aparecido a sus deudos en forma de lemur. Los deudos, sobresaltados, entraron en pánico y salieron en estampida del piso y del edificio. Los gritos del susto y las carreras escaleras abajo despertaron a los vecinos y el alboroto, a los de las casas contiguas. En pocos momentos, medio barrio había saltado de la cama y salido a la calle con lucernas encendidas.
- Te puedes imaginar, queridita, que nuestros muchachos acudieron enseguida a ver qué era semejante alboroto a medianoche.
- No disimules, ni les disculpes, que estaban todos dentro del cuartelillo, con el portón cerrado con la tranca, amedrentados como ratones, por si andaba alguna larva por los alrededores.
- Sé un poco más benévolo con ellos, amigo mío, que ya tuvieron bastante con la bronca que les largó a voz en grito el cascarrabias mayor... Y con el arresto que les ha impuesto el tribuno.
- Es que me siguen llevando las Furias cuando pienso que se enteraron del alboroto porque precisamente la suegra de mi asistente, que no vive en esa calle, corrió al puesto de guardia y les llamó a voces por el torno. A tales voces, y con tanto aporreo de puerta, que dio lugar a que los vecinos se asomaran a las ventanas para ver qué pasaba. Y se enteraron así de que nuestros hombres no estaban haciendo la ronda como debían, sino encerrados como niños a los que su abuela ha asustado con cuentos de lemures - dice el narrador.
- ¡Esta Prisca! - intento disimular que está a punto de escapárseme la risa, porque les veo muy enojados por el incidente - ¿Y qué pasó después?
- Que la vieja se escabulló entre los vecinos curiosos, mientras intentábamos localizar a los deudos.
- Que andaban dispersos por el barrio, contaminándolo todo - completa su amigo - A varios los encontramos en la entrada de la casa de unos conocidos, que les habían acogido y preparado tila caliente para templar los nervios y reanimar a varias de las mujeres, que estaban a punto de flato.
- A otro le encontramos escondido dentro de una tinaja, en una ollería de la plaza de los alfareros. Y a varios más, repartidos entre los corrillos de curiosos, relatando con todo detalle la aparición - sigue el narrador - El dueño de una caupona cercana se había levantado y abierto el negocio, esperando aprovechar para vender algunos tazones de caldo y de vino. De hecho, había varios habituales acodados en la barra cuando nos volvíamos para los cuarteles. Y ayer no se habló de otra cosa por los mentideros de la ciudad.
- Por los mentideros y por todas partes. No se habló de otra cosa, queridita, te lo puedo asegurar, que yo estuve de guardia - me dice el guapo.
- Entonces, ¿hubo aparición fantasmal?
- Eso dicen los parientes de la difunta. Su marido, el primero - me responde el narrador - Una vez interrogados, todos coinciden en que el espíritu de ella apareció de repente en la sala donde velaban el cadáver, señaló a su viudo con un dedo acusador y les dijo a todos que él la había matado.
- Todos afirman que habló con una voz de ultratumba que cortaba la respiración - añade su amigo, aunque poniendo cara de no creerlo.
- ¿Y qué más?
- Pues nada más. Todos salieron corriendo y gritando, aterrorizados, y no pueden contar nada más que lo que cada quisque hizo una vez que puso las escaleras de por medio. El libitinario, que estaba allí para acabar de ajustar cuentas con el viudo, fue el único que se quedó en el piso, pero no se acuerda de nada más, porque se desmayó del susto. Le encontramos traspuesto en el suelo y le reanimamos.
- Sí, que un buen par de bofetones legionarios despiertan hasta a un muerto... Oye, podíamos haberle dicho al cascarrabias mayor que probara a abofetear a la difunta, a ver si su lemur volvía a manifestarse; o si ella misma volvía a la vida y nos contaba qué era lo que de verdad había pasado - dice el oficial guapo, con ganas de broma.
- Vamos, que de aparición, nada.
- Por supuesto que no, Flaquilla - me dice el narrador.
- Eso son cuentos de viejas, queridita - añade su guapo amigo.
- Revisé el piso entero, buscando cualquier indicio de que alguien se hubiera hecho pasar por un espíritu demandante de venganza, pero no encontré nada - sigue el narrador.
- Y te puedo asegurar que si éste no encontró nada, es que nada había, porque cansino es, y mucho.
- ¡Gracias, amigo!... El que fuera tuvo tiempo y ocasión de sobra para salir del piso sin que nadie lo notara, en medio del alboroto... Así que tuvimos que contentarnos con intentar tranquilizar al vecindario y hacer que todos volvieran a sus casas. Lo que más nos costó fue conseguir que consintieran en apagar las teas y que recogieran las lámparas y las velas, porque lo único que nos faltaba era que se hubiera declarado un incendio.
- Y que todos dijeran que había sido el lemur, buscando venganza.
- Déjate de bromas y vayámonos despidiendo, que esta noche tenemos mucho trabajo.
- Querrás decir que nos toca pasar la noche en blanco, tratando de cazar lemures. Porque, Flaquilla bonita, esta noche va a haber legionarios patrullando toda la ciudad, sin descanso, oficialidad incluida, por si vuelve la aparecida... Porque la suegra del asistente de aquí, mi buen amigo y colega, se ha dedicado a hacer correr por todas partes el rumor de que la difunta le ha dado la razón, a ella, que desde el principio le dijo a todo quisque que el asesino era el marido; y que esta noche va a volver de nuevo para seguir clamando justicia. Así que nos ha revuelto a un buen montón de ciudadanos, que se les han echado encima a los magistrados, que, para tranquilizarlos, nos han encargado que velemos esta noche de manera especial y con más efectivos que la patrulla de vigilia... A propósito, ¿dónde va a estar nuestra autoridad, el magnífico tribuno?
- En el puesto de mando táctico que ha hecho montar en el mesón del edificio de enfrente al de la vivienda de la finada - responde el narrador.
- Eso, cómo mandan los cánones: seco, calentito y con un buen vino por delante,... mientras nosotros pasamos la noche cazando lemures bajo la lluvia.
- El escalafón es el escalafón - le dice el narrador a su amigo con una sonrisa estoica, encogiéndose de hombros.

Para ilustrar esta entrada, os traigo una fotografía de nuestra lectora Estrella Henares, en la que puede verse una estela funeraria romana, con forma de altar.

GLOSARIO

Caupona - establecimiento donde se sirve bebida y comida, similar a lo que podría ser hoy en día un bar o taberna (no uso este término para no dar lugar a confusiones con el original latino, que tenía más acepciones). También se llamaban así algunas tiendas de comestibles.
Furias - nombre latino de las Erinnias griegas, divinidades infernales de la venganza.
Hispalis - nombre romano de la actual ciudad de Sevilla (España). 
Larva - designación genérica aplicada a esqueletos, apariciones fantasmales y espíritus malignos.
Lemur - espíritu de una persona fallecida.  
Libitinarius (libitinario) - encargado de pompas fúnebres. 
Lucerna - lámpara de aceite, hecha de cerámica o metal.







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