lunes, 25 de julio de 2016

EL REY DE LOS MARES, UN DIOS ASCENDIDO Y UNA DIOSA DE LA QUE NO SE ACUERDA NADIE

Neptuno en una cuadriga tirada por hipocampos (Túnez)
EL REY DE LOS MARES

Después de varios días en los que el narrador y yo hemos estado demasiado ocupados con un capítulo particularmente difícil de otra de nuestras novelas, volvemos al blog.

Hoy, 25 de Julio, se celebraban en Roma las Furrinalia, unas fiestas antiquísimas, que, en la época de nuestras novelas, pasaban ya totalmente desapercibidas para el común de los romanos, quienes hacía mucho tiempo que ya no recordaban ni quién era, ni a qué se dedicaba la diosa Furrina.
- Cierto, querida - dice el tribuno - Mucho tiempo antes de nuestra época, hasta los eruditos habían olvidado a la pobre Furrina, y le daban vueltas a muchas posibilidades sobre su origen y advocación. El bueno de Marco Tulio opinaba que debía ser una divinidad infernal y relacionada con el mundo de los espíritus. También había quién opinaba que era una antigua diosa de las aguas subterráneas, y, por ello, de los pozos, que solían consagrarse en Verano. En realidad, sólo sabíamos con total seguridad que tenía un bosquecillo dedicado a su culto, a las afueras de la ciudad, saliendo por la Via Apia, y un flamen que se encargaba de ello, por pura tradición -
- Se le podría preguntar al flamen -  sugiere uno de los hombres de su escolta, que, junto a otro de sus compañeros, se ha quedado sentado en los escalones inferiores de la escalera que lleva al piso alto, escuchando al tribuno.
- Y no sabría qué contestar - le dice éste - Y ahora os pregunto yo: ¿por qué no se cumplen mis órdenes? ¿qué os había dicho? -
- Que regáramos las plantas, tribuno - responde el otro legionario.
- Y regadas están - añade el primero - ¿Podemos quedarnos a escuchar, señor? -
- Está bien. Pero callados os quiero -
Los hombres asienten con la cabeza.
- ¿Y decías tú, querida, que ese Santo Santiago al que hoy en día se celebra por aquí, es el patrono de lo que fueran nuestras Hispanias? -
- Sí, exactamente. Pero no hace falta que digas "santo" delante de su nombre, porque ya lo lleva implícito -
- ¡Ah! O sea que es San-Tiago, pero se pronuncia de una sola vez -
- Se llame como se llame, a nosotros nos gusta - dice uno de los legionarios.
- Sí, era un militroncho como nosotros, así que vamos a hacernos devotos suyos - dice el otro.
- Santiago no era militar, era un apóstol,... - viendo las caras que ponen, añado - un hombre santo que iba por el mundo predicando la paz y el amor fraterno -
- Pues, visto lo visto, no tuvo mucho éxito - dice el otro, y ambos cabecean. Lamentablemente, y aunque hago lo posible por disuadirlos, la caja parlante les llama demasiado la atención, y hoy se han visto entero el "telediario", con toda su cosecha de malas noticias y desastres sangrientos.
- No pierdas el tiempo con estas toscas Minervas, hija mía. Cuando nos marchemos, les regalas unas conchas de vieira de ésas que tienes por ahí en un cestillo, les dices que son del templo del santo y se volverán al pasado bien satisfechos y con un amuleto más que unir a sus colecciones - me dice el tribuno, bajando la voz. Después la sube de nuevo, dirigiéndose a sus legionarios: A ver, Cayo Capito y Cayo Maena, que sea la última vez que intervenís en la conversación sin que yo os lo haya ordenado, u os mando directos al calabozo en cuanto regresemos a los cuarteles. ¿Oído? -
- Oído, señor - responden los dos legionarios a un tiempo.
- Así me gusta... ¿Por dónde íbamos, querida? -
- Pues por Santiago, que creo que os resulta más agradable en su faceta de santo guerrero de la Edad Media, que en la de predicador religioso original -
- Cierto. Pero es lógico. Tan lógico como para que hasta la tropa simpatice con él: es un espíritu benefactor de los guerreros. Que, según las leyendas que nos has contado, se aparecía en batalla para ayudar a los combatientes devotos suyos, luchando a brazo partido junto a ellos, como si un trasunto de Marte fuera -
- Volvamos a las aguas, si no te importa, tribuno, pues hace un par de días fueron las Neptunalia, y no me gustaría que nuestros lectores se quedaran sin saber algo de su dios titular, Neptuno. Según la tradición, Neptuno es el "rey" de los mares, idea que hasta hace bien poco tiempo aún mantenían viva los marinos y pescadores, sobre todo para culparle de temporales y naufragios -
- ¡Vaya!, pues en eso nuestros descendientes coinciden con nosotros. Resulta muy socorrido tener un numen a cuyo capricho o malos humores achacarle las desgracias - ríe el tribuno por lo bajito - Ciertamente, Neptuno era el dios de los mares -
- Entonces vamos a hacerles un lío a nuestros lectores, porque hace poco les hablamos de Océano. ¿Qué pasaba? ¿conflicto de competencias divinas? -
- No exactamente - el tribuno se ríe del asunto de las competencias - La cuestión es que, en origen, Océano era el dios de los mares, y Neptuno, de las aguas corrientes -
- O sea, que Neptuno comenzó siendo un dios de agua dulce -
- Sí, se podría decir así -
- ¿Y cómo acabó siendo el "rey" de los mares? -
- Eso fue culpa de los griegos -
- ¿Cómo es eso? -
- Pues por la asimilación de panteones. Ellos tenían a Poseidón, que, al igual que nuestro Neptuno, era dios de las aguas corrientes y protector de los caballos, pero, además, era el patrono de los mares y de todos los fenómenos que en ellos ocurrían. Así que, al identificarlos, le concedimos un ascenso a Neptuno, aumentando su carga de responsabilidades; y al pobre viejo Océano, le hicimos descender un buen peldaño en el escalafón divino, pasando de ser dios gobernante a un miembro más del cortejo del nuevo monarca de las aguas saladas -

Cuando poco después se despiden para regresar al pasado, les regalo a los legionarios unas conchas de vieira, como me había recomendado el tribuno. Me las agradecen tanto que temo que mañana o pasado me traigan un pollo o unos conejos para corresponder el detalle. Se van detrás de él, comentando:
- Esto parece que se le hacen unos agujerillos y se cose a la ropa, para que garantice la protección del divo "santo Santiago" -
- Pues no se, tú, a mí me parece que si cosemos las conchas éstas al uniforme nos vamos a ganar una buena bronca. A lo mejor, lo que tenemos que hacer es ponerles un cordón y llevarlas al cuello -
- Sí, hombre; para que se rían de nosotros y nos anden preguntando que si llevamos cencerro -

GLOSARIO
Flamen - miembro del sacerdocio romano.
Marco Tulio - Marco Tulio Cicerón, el gran orador, estadista y filósofo romano. Nuestro personaje, el tribuno, le había conocido personalmente, por lo que se refiere a él sin mencionar su famoso cognomen (apodo).

Las voces de los legionarios se oyen todavía, mientras marchan siguiendo al tribuno hacia el Pasado.
- Pues a mí me parece que el tribuno ya le va cogiendo el gusto al habla castrense. Yo cada vez lo entiendo mejor a la primera -
- Sí, a mí me pasa lo mismo. Y ya iban siendo horas, después de los años que lleva en el ejército -
- El otro día, Nomentano me dijo por qué el tribuno habla raro -
- ¿No te irás a fiar del cuentista ése? ¿no?,... ¿Y qué, qué te dijo? -
- Dice que habla raro porque es filósofo -
- ¡Joder! -
- ¿Es que es algo malo? -
- No, malo, no. Raro. Los filósofos son hombres que hablan mucho, se pasan el tiempo mirando las estrellas y las nubes, midiendo cosas que no sirven para nada y, lo más raro de todo: pensando -
- ¡Lo que hace el aburrimiento! -

Hoy, para ilustrar esta entrada, os traigo una hermosa imagen, detalle de uno de los bellos mosaicos romanos del Museo del Bardo (Túnez). Rodeado por alegorías de las cuatro estaciones, el emblema del centro representa a Neptuno como dios del mar, con sus símbolos, el tridente y el delfín, en las manos; desfilando en triunfo sobre una cuádriga tirada por hipocampos. Las riendas de la cuádriga las llevan Océano (al que se reconoce fácilmente por las pinzas de cangrejo que lo coronan) y Tetis, su esposa (que también había bajado en el "escalafón" divino en favor de la esposa de Neptuno/Poseidón, Anfitrite). Neptuno aparece nimbado con una aureola que seguramente todos asociabais a las representaciones divinas cristianas, pero, como se puede ver por este ejemplo (y otros muchos), era un atributo de divinidad muy anterior. La iconografía cristiana la tomó "prestada" de las religiones antiguas, ya que, al ser el cristianismo una religión nueva, partía de cero en lo que a representaciones artísticas se refiere.

martes, 19 de julio de 2016

LAS FIESTAS DE LOS BOSQUES (Y UN MAL RECUERDO DE LOS CELTAS)

Madreselva (foto: T.Piquet, 2016)
LUCARIA

Las fiestas de las Lucaria eran unas celebraciones antiquísimas, cuyo origen se encuentra en la época arcaica, vinculadas posiblemente con la etapa formativa de Roma como ciudad. Tenían lugar en dos fechas concretas del mes de Julio, los días 19 y 21, estaban consagradas a Júpiter, y en ellas se celebraba la sacralización de los bosques que existieron originalmente en y entre las septem colles (las archifamosas siete colinas de Roma), algunos de los cuales todavía perduraban en los tiempos en que transcurren nuestras novelas (finales del siglo I antes de Cristo).
- ¿No es así, tribuno?,... ¿tribuno? -

El tribuno ha venido esta tarde, tal como convinimos, acompañado de una nutrida escolta, a los que, para que le dejaran leer en paz, ha enviado a la azotea y los ha puesto a limpiarla.
- Que está perdida de cagajones de pájaro - había dicho el suboficial al que puso el tribuno a buscar tarea, para que los legionarios no estuvieran desocupados. Y, dicho y hecho, todos a la azotea.
Una vez que la tropa subió, a regañadientes por el calor, pero convenientemente azuzados por el eficiente suboficial, el tribuno se dedicó a revisar con sumo placer los volúmenes de la Enciclopedia Espasa-Calpe que tengo en mi biblioteca. Y sigue tan enfrascado en ello que no me oye.
- Que si te oigo, hijita. Lo que sucede es que me parece de mal tono dar voces. Ya estoy aquí. ¿De qué cosa tengo que hablar hoy a los lectores? -
- Estábamos hablando de las Lucaria, porque hoy es 19 de Julio -
- ¡Ah! Sí. Cierto -
- ¿Y ya está? -
- Es que en nuestros tiempos ya eran una costumbre anticuadísima, que sólo se mantenía por pura tradición. Eran fiestas religiosas, con todo lo que eso significa en el calendario, pero no había celebraciones fuera de las estrictamente relacionadas con el culto. Y ésas sólo las llevaban a cabo los sacerdotes a los que correspondía la labor -
- Pero en origen,... -
- Sí, querida, en origen, allá por los tiempos semilegendarios, cuando la Urbs no existía todavía como tal, sino sólo algunos pequeños vici, dispersos aquí y allá entre el Tíber y las colinas, cuyos vecinos no se acababan de llevar bien del todo. En realidad, pasaban más tiempo a la gresca que en armonía... Una costumbre que no hemos perdido, por desgracia para nosotros... Así que había diversas fiestas que sacralizaban lugares, donde, por supuesto, el respeto a las divinidades prohibía el romperse la cara, para establecer algunos puntos de encuentro pacífico, y, a la par, fechas de hermanamiento y confraternidad. Las Lucaria eran de ese tipo de festividades, y, en principio, se celebraban en los bosques y las cimas arboladas de las colinas, todos sagrados y consagrados a Júpiter, como dios supremo y árbitro de las contiendas. Siglos más tarde, cuando la ciudad era ya demasiado grande y demasiado poco rústica, este tipo de fiestas encajaba más en otro sitio, así que, aprovechando la conmemoración de un hecho histórico, la celebración se trasladó al bosque situado entre la Vía Salaria y el curso del Tíber por ese lado de la Urbs, un sitio todavía algo apartado y que conservaba aún la tranquilidad silvestre original -
- ¿Qué hecho histórico fue el que sirvió para el cambio de sede de las Lucaria? -
- ¡Ehem! Preferiría no hablar de ese tema -
- ¿Por qué? -
- Es un tema delicado -
- Estamos en el futuro, tribuno. Y nadie de tus tiempos nos escucha. Tu escolta sigue muy entretenida en la azotea -
- Es que unos siglos antes de nuestra época - comienza a contar, visiblemente contrariado - tuvimos un, digamos, problemilla, con los celtas. Ayer fue el aniversario, de infausto recuerdo. Muchos habitantes de Roma huyeron de la ciudad y encontraron un refugio seguro en la espesura del bosque, entonces enorme, que se extendía a orillas del Tíber por aquella parte -

Lo que nuestro amigo el tribuno, como buen romano de pura cepa, es tan reticente a relatar es la gran derrota que sufrieron, en el siglo IV antes de Cristo, ante los celtas en la batalla de Alia, un lugar relativamente cercano, desde el que sus enemigos se lanzaron al asedio de Roma. Tomaron la ciudad, de donde, tras llegar la noticia de la derrota, muchos habitantes habían salido despavoridos, mientras que otros resistían en las alturas del monte Capitolio. Éstos consiguieron llegar a un acuerdo con los celtas, que abandonaron la ciudad a cambio de un suculento rescate en oro. La ciudad, muy dañada por los combates y sus efectos colaterales, tardó varios años en recobrar la normalidad. Se reconstruyeron los edificios dañados o quemados y se inició la tarea de dotar a la urbe de unas defensas mejores, con lo que nació la primera gran muralla defensiva de Roma (los denominados "muros Servianos"), que circunvalaba las septem colles. A pesar de que fue superada, esa derrota, y la humillante resolución posterior del conflicto, todavía se recordaban con disgusto casi cuatrocientos años después, en la época de nuestras novelas.

- ¿Y qué pasó con los celtas, después de que se marcharan de Roma? -
- En aquellos tiempos eran gente muy móvil, que no paraba mucho tiempo en ningún sitio. Por eso aceptaron el acuerdo y el oro y se marcharon hacia el Norte. Algunas de las tribus, no obstante, no volvieron a cruzar los Alpes y se asentaron en la Padana... Territorio que nosotros conquistaríamos, más o menos, un siglo después - añade con una sonrisilla revanchista - Nos desquitamos conquistando Mediolanum, su principal ciudad. Entonces firmamos pactos, nos hicimos amigos, fundamos colonias, construimos una magnífica vía para comunicar en condiciones la Padana con el Lacio, emparentamos, y, hoy en día, todos romanos -

GLOSARIO
Lucaria - fiesta de los bosques (lucus, en plural luci) sagrados.
Septem - siete.
Colles - colinas (plural de collis).
Urbs - ciudad. Era la forma en que sus habitantes solían referirse, coloquialmente, a Roma. La ciudad, con mayúsculas, como si fuera la única o la mejor del mundo. (Todo el mundo ama desaforadamente a su "patria chica").
Vici - plural de vicus. En este caso, significa aldea. También puede usarse para denominar un pueblo, una alquería, una propiedad rural habitada, un barrio o incluso una calle de una ciudad. En general, lugar habitado.
Padana - región del valle del río Po, en el Norte de la Península Itálica.
Medionalum - Milán (Italia).

Para ilustrar esta entrada me hubiera encantado poder mostraros una fotografía de un bosque mediterráneo original, con su densa espesura y sus verdes frondas de árboles y arbustos, pero ya no quedan. Os traigo una foto de mis madreselvas en pleno esplendor estival, que sugieren las buenas sombras que los bosques nos brindaron antaño.

lunes, 18 de julio de 2016

EL PERRITO

Perro de pequeño tamaño (pintura al fresco, Pompeya/Italia)
Riendo por lo bajo, el narrador y su amigo, el oficial más guapo de todas las Hispanias, acaban de llegar, puntuales, a nuestra cita de esta tarde.
- ¡Qué calor, muñeca! - exclama el guapo, dejándose caer sin mucha ceremonia en el sofá.
- Que los dioses te favorezcan con buena salud, Flaquilla - me saluda el narrador, más formal.
- ¡Bienvenidos! Os he preparado algo para refrescaros - les señalo una jarra de limonada con hielo y unos vasos, que acababa de disponer para ellos.
Miran con curiosidad los cubos de hielo que flotan en la jarra, y se sirven cada uno un vaso.
- Nunca había visto carámbanos con forma de dado - dice el guapo con una sonrisa arrebatadora, mientras contempla como caen los cubitos en su vaso.
- Ten cuidado, o lo vas a derramar - le advierte el narrador.
- ¿Qué os parece? - les pregunto, al ver sus gestos al beber la limonada.
- No había probado esto jamás,... parece zumo de alguna clase de fruta, aguado - dice el narrador, tras un segundo trago.
- Está dulce y, a la vez, ácido; como los membrillos poco maduros - dice el guapo - Pero membrillo no es, seguro. No hay forma humana de sacarle tanto caldo a un membrillo -
- Es zumo de limón, con agua y un poco de eso que ya os dije que había sustituido a la miel como edulcorante, el azúcar -
- ¡Ah!, y de "limón", "limonada" -
- Exacto -
- ¿Y qué clase de fruta es el "limón"? -
- En vuestros tiempos se conocía como manzana de Media, y era propio de Oriente. Su consumo generalizado y su cultivo no se extenderían por las riberas del Mediterráneo hasta casi un milenio más tarde -
- ¡Vaya! Hoy podemos decir que hemos saboreado el futuro - ríe el oficial guapo, sirviéndose otro vaso. Esta vez con más cuidado para no dar lugar a un aluvión de cubos de hielo.

Después de dejar que acabaran tranquilamente la limonada, mientras me contaban las dificultades que habían tenido, por motivos del servicio, para poder darse una vuelta por aquí, entramos en materia:
- Hoy nuestros lectores esperan que les hablemos de las razas de perros de tamaño pequeño de vuestra época -
- Los perros pequeños eran básicamente variedades de alzada corta de perros de caza - explica el narrador -, que se criaban y se seleccionaban para faenas concretas en el monte, como sacar a las piezas de caza menor de sus encames o madrigueras, o perseguirlas entre la maleza. Así que se fueron formando tipos menudos de lebreles y podencos -
- ¿Y para otras funciones o actividades? -
- También se criaban perros pequeños para controlar a ratas y ratones, en las viviendas, los hórreos y los establos; y para vigilar los gallineros y mantenerlos a salvo de zorros, hurones y comadrejas -
- O sea, perros de trabajo -
- Sí, se puede decir que todos se ganaban el sustento ayudándonos en algo -
- Algunos de nuestros lectores, entre los que hay muchos amantes de los perros, me han pedido que os pregunte si en vuestros tiempos había perros mascota, que sólo se criaran para hacer compañía a sus amos -
- Todos los perros siempre hacen compañía a sus amos. Forma parte de su naturaleza - responde el narrador - Pero sí, había algunas clases de perros ratoneros, que, al ser muy pequeños, no sólo se utilizaban para mantener limpio de roedores el espacio que les fuera asignado, sino que también la gente los tenía como adorno, buscando ejemplares peculiares -
- ¿Peculiares? -
- Sí, hermosa. Muy pequeñitos, de un color determinado, con mucho pelo o con muy poco,... cosas de esas - me explica el guapo, quebrando los cubitos de hielo supervivientes con evidente placer entre sus magníficos dientes.
- Ahora que recuerdo, amigo mío, - le dice el narrador con una media sonrisa - tú tuviste alguna complicación sentimental por culpa de uno de esos perritos -
- Sí - reconoce el guapo - Pero no fue sólo "uno de esos", fue "el perrito" - añade con disgusto.
- Eso tienes que contárnoslo. Por favor - le pido.
- No debería airear mis penas de amor - dice, con fingido pudor.
- ¡Qué amor! No hubo nada de amor en toda esa historieta - le dice su amigo, el narrador.
- No te creas, que yo andaba enamoriscado de Fulviola, de verdad,... Aunque he de reconocer que la fortuna que heredaría me atraía mucho más -
- El caso es que aquí, mi buen amigo, había conseguido postularse como pretendiente formal de una joven y rica heredera, hija única de un matrimonio de mediana edad, de la bien situada gens Fulvia, que, al llegar la muchacha a edad casadera, querían organizarle un matrimonio conveniente cuanto antes, para que la niña fuera una decente matrona el día que ellos faltaran. Buena posición social, buenas relaciones familiares y políticas, buenas propiedades y buenos dineros,... -
- Y guapa, ¿eh?. Linda de cara, dulce de carácter y con un tipazo que quitaba el hipo, que me había informado bien, a través de una camarera de las termas a las que ella solía ir a bañarse con sus amigas, a cambio de una generosa propina. Que nunca se sabe lo que ocultan tantas capas de bonito paño -
- En resumen, que la muchacha era lo que se dice un buen partido - me dice el narrador con un guiño.
- Sí. Pero yo tampoco soy manco. Joven, buena salud, guapo, elegante, con buenas relaciones y ya medianamente situado en sociedad,... -
- ¿Y el perrito? -
- A eso voy, queridita. Un poquito de paciencia. El caso es que, a pesar de haberme aceptado como pretendiente, todo en su familia eran suspicacias. Temían que yo no fuera más que un vulgar cazador de herencias, a pesar de todas las recomendaciones y buenas referencias que fui capaz de presentar al viejo Fulvio. Pero los de esa gens son una casta de desconfiados,... Ellos ya tenían varios candidatos para yerno antes de que yo entrara en liza, pero ninguno le gustaba a la niña. Fulviola tenía la habilidad de manipular a sus padres, que, con tal de ver feliz a la niña de sus ojos, acababan haciendo lo que ella quería. Y, una vez que puso sus ojos en mí, lo que Fulviola quería era yo... Así que, una vez que convenció a sus padres, me convertí en el pretendiente oficial, pasando por delante de tipos mejor situados que yo, pero menos agraciados y más viejos... Al principio, todo me pareció miel sobre tortas. Sabía que me costaría trabajo ganarme a Fulvio y a la tiesa de su esposa, pero era cuestión de tiempo. Otro cantar fue el acercamiento a mi palomita. Podía ir a visitarla a su casa, o encontrármela de forma intencionada por la calle, pero siempre rodeada de una legión de sirvientes: nodriza, preceptor, maestro de música, peluqueras, camareras, chachas, jardineros, cocheros, portadores de silla de manos;... y, a menudo, además, todo un corro de amigas y parientas, que no la dejaban ni a sol ni a sombra,... ¡Así Venus no tiene nada que hacer!,... Recurrí a todo mi ingenio, que, digan lo que digan todos estos cabroncetes de colegas míos, es mucho,... -
- Sí, nadie lo niega, pero sólo para lo que te interesa - le interrumpe, socarrón, el narrador.
- ¡Bah!,... El caso es que fui haciendo aproximaciones, y, con dotes de seducción y paciencia, conseguí que Fulviola también maquinara la forma en que pudiéramos vernos a solas en sus aposentos -
- Ya érais dos tirando del carro en la misma dirección -
- Pues no del todo. Porque cuando yo me las prometía más felices, Fulviola se echó atrás -
- ¿Te rechazó? - le digo, asombrada.
- No exactamente: me puso condiciones. Yo entonces caí en la cuenta de que quizás no había sido todo lo generoso que correspondía a una muchacha de su estatus, así que, ¡ea! ¡al estilo Craso!, tiré de bolsa y la fui colmando de regalos,... Pero no había manera; así que, un poco harto ya de la situación, y temiéndome que no cataría el pastel hasta la misma boda, le pregunté directamente qué es lo que quería para acceder a encontrarnos a solas -
- Y la espantaste - le digo.
- ¡No! ¿Qué clase de palomita crees que era? . Me dijo, claramente, con sus modos más zalameros, que quería un perrito. Porque resulta que no podía seguir más tiempo sin un perrito, ya que a su mejor amiga, y rival en el mundillo mujeril del momento, le habían regalado un perrito de Melita, tan pequeño que lo llevaba a todas partes metido en una cestita de mimbre, con el asa adornada con cintas de colores, igualitas a las que le colocaba al animalito en el pelo, y a juego con sus vestidos. Como yo debía comprender, Fulviola no podía pasar mucho más tiempo sin tener un perrito más vistoso aún que el de su amiga. Y si yo se lo regalaba, ella será la más feliz de las mujeres, y yo, por supuesto, el más feliz de los galanes -
- Así que, aquí mi buen amigo, se dispuso a comprar un perrito para su adorada -
- Y lo hice muy bien. Me costó algo de trabajo, pero conseguí hacerme a buen precio con una melita completamente blanca, con el pelo muy largo, para que mi Fulviola le pudiera poner todos los lazos que le viniera en gana; y lo suficientemente pequeña y ligera como para que la llevara como quisiera, en un cestito, o incluso en un pañolón, colgando del codo -
- ¿Tú solo? -
- Bien, - el oficial guapo hace un gesto de indiferencia -, te concedo que lo hizo un tipo por mí. Me debía algunos favores, así que se encargó de buscar al perrito, y regatear un buen precio... Coloqué al animalito en un canastillo, y lo tapé con un bonito pañuelo del color favorito de Fulviola,... que no era plan de que nadie se burlara de mí por ir por la calle con una melita a cuestas,... y me presenté en casa de los Fulvio dispuesto a lanzar mi órdago. ¡Menuda jugada! Le ofrecí el regalo delante de sus padres, amigas, parientas y servidumbre, y cuando Fulviola levantó un pico del pañuelo y el bichito sacó su cabecita blanca y peluda, en la que brillaban unos ojillos y una naricilla muy negros, puso tal cara de satisfacción, que todos los demás en la casa sonrieron, suspiraron y, desde aquel momento, me miraron con otros ojos. Antes era sospechoso de ser un caza herencias sin escrúpulos, y ahora, perrito mediante, pasaba por un hombre sensible, cariñoso y de fiar. Por fin había caído en gracia y tendría la recompensa que esperaba de mi amada. A mi siguiente visita, hasta los esclavos me saludaban con amabilidad, ya no había mil y un controles familiares y femeniles en mi camino hasta el atrio donde, a mi llegada, la nodriza se llevó al resto de mujeres y muchachas como si fueran un grupito de ocas, y nos dejó a solas. Por fin, Fulviola y yo,... y Nix, el perrito. Aquella tarde, ella se pasó todo el tiempo contándome las gracietas del bichito, al que había llamado así porque le recordaba a una bola de nieve. Y el perrito se pasó todo el tiempo mirándome con cara de pocos amigos, y gruñéndome por lo bajo; incluso intentó moderme la mano cuando quise acariciarle la cabeza para congraciarme con él, como me pidió ella -
- ¡Vaya! - me río - Parece que el perrito no supo agradecerte el que le hubieras buscado una familia y una casa tan estupendas -
- Y tú que lo digas, hermosa. Ese bichito era una bestezuela ingrata, que acabó por destrozar nuestra relación. En los días siguientes, en contra de lo que Fulviola opinaba, Nix, no se hizo "amiguito" mío, sino que me observaba como un cancervero en miniatura, y cada intento de acercamiento por mi parte era recibido con ladridos tan agudos que debían escucharse hasta en Etruria. Yo intentaba besarla, y el perrito se colaba a empellones entre los dos, gruñendo y enseñándome los dientes. Si mi mano iba hacia su escote o se dejaba caer sobre su rodilla, Nix, gañía como si le hubiera pisado el rabo y se tiraba sobre mis botas, emprendiéndola a mordiscos con los cordones;... y Fulviola, muerta de risa por las "gracias" de su perrito y por mi frustración. Un día, después de arruinar la puntera de uno de mis mejores pares de botas meándose encima, cogí al dichoso perrito y lo metí dentro de un baúl. Fulviola me lo afeó, tratándome de niño grande que no sabía comportarse ni controlar sus berrinches; y ya no aguanté más. ¿Berrinches? Hasta entonces aquella niñata mimada y caprichosa no sabía lo que era un berrinche de verdad,... Desahogué mi frustración amorosa llamándola de todo menos bonita, y le dije que se fuera buscando un buen amante, porque su próximo pretendiente era más viejo que sus padres, y, después de lo que estaban todos oyendo detrás de las puertas, y de lo que yo iba a hacer correr por los mentideros del foro, no pasaría ni un mes antes de que la hubieran casado con él. Y terminé diciéndole que no se molestara en devolverme los regalos que le había hecho, ni el dinero que le había dado, que los daba por bien perdidos si también los perdía de vista a ella y al perrito -

GLOSARIO
Melita/ canis melitensis - Perro de Melita. Raza de perro ratonero de tamaño pequeño, propio del Mediterráneo Central, donde había varios topónimos Melita (ciudades, islas e islotes). Como está en el origen del actual Bichón Maltés, hemos escogido para "el perrito" el color blanco níveo de esta raza actual, aunque no se sabe qué aspecto o color tenían en la Antigüedad, ya que esta característica de su standar no se fijó hasta el siglo XX, presentando anteriormente capas de diversos colores, y distintos largos de pelo.
Nix - Nieve.
Malum medica - Manzana de Media/limón. El origen del limonero se situaba en Persia, en la región de Media.
 Craso (Marco Licinio Craso) - Estadista romano de finales de la época republicana (siglo I antes de Cristo), famoso por su enorme riqueza.

Para ilustrar esta entrada, os traigo de nuevo, ampliado, al perrito de la aguadora de la entrada anterior. Se trata también de un perro ratonero, cuyas características morfológicas encajan en las que hoy día comparten razas como el Fox Terrier de pelo liso, el Pinscher y los actuales ratoneros mediterráneos (de los que hay varias razas en España): tamaño medio-pequeño (la proporción de su tamaño con respecto al viajero permite apreciar que su alzada no sobrepasa altura de la rodilla de éste), patas largas y fuertes, pecho sólido, vientre recogido, cuello fuerte, cabeza pequeña, con hocico relativamente largo y fino; orejas altas, relativamente pequeñas y apuntadas. La única excepción es la cola, larga y muy estrecha en nuestro perrito, que suele ser eliminada o recortada por los criadores en los ejemplares de las razas actuales. El contraste de colores (dos tonos, oscuro en la parte superior del cuerpo, y claro en la inferior) que empleó el pintor, podría apuntar a que hubiera tenido una capa del tipo "negro y fuego".

sábado, 16 de julio de 2016

JÚPITER, LA PERRILLA, EL CALOR DEL VERANO Y LAS ESTRELLAS

"La aguadora" (pintura al fresco; Pompeya/Italia)
LOS DÍAS DE LA PERRITA

Hoy, 15 de Julio, los Idus, como ya hemos comentado en otras ocasiones, estaban consagrados a Júpiter.
Esta fecha estaba, como para nosotros, situada en plena canícula; aunque, para ellos, este período, el más caluroso del año, comenzaba y terminaba algo antes que hoy en día, debido al efecto del fenómeno astronómico conocido como precesión.

El nombre que damos a los días más tórridos del verano es exactamente el mismo que se le daba en los tiempos de nuestras novelas, canicula. Literalmente, esta palabra significa, perrita o perrilla; y designaba, en la cultura latina, a la constelación del Perro, Canis Maior (o Can Mayor), que, según las mitologías de la Antigüedad grecoromana,...
- Era el perro favorito de Orión, el cazador -
A regañadientes, como siempre que hablamos de Mitología, el tribuno completa mi frase, después de que yo le diera pie con un elocuente silencio.
- Si miramos al cielo nocturno en Verano, podemos ver con claridad varias constelaciones muy próximas unas a otras: Canicula, Lepus y Orion; o sea, el cazador, su perro y la liebre a la que persiguen -
- Yo tenía entendido que a la constelación que perseguía Orión era a la de las Pléyades -
- Pues sí, hijita, así es. Según el mito, Orión era un gigante, el mejor de los cazadores de su legendaria época; pero tenía un defectillo: era muy mujeriego. Un día les echó la vista encima a siete hermosas y virtuosas hermanas, muy devotas de Diana, - Artemis, en la versión griega de la diva -, y las persiguió con lujuriosos fines, y con una perseverancia asombrosa, ya que estuvo tras ellas durante siete años. Sin descanso. Cosas de los mitos, querida, puesto que eso es materialmente imposible. Pero, a lo que vamos, la cuestión es que Júpiter convirtió a las muchachas en estrellas, para premiar su también perseverante castidad, y librarlas del gigante. No obstante, debido al tremendo berrinche de Diana, patrona de la caza, contra Orión, por un comportamiento tan indigno de alguien que se suponía devoto suyo, éste acabó también en los cielos, castigado por toda la eternidad a perseguir, sin alcanzarlas, a sus objetos de deseo, y a ser perseguido con el mismo empeño por el escorpión que cumplió la sentencia de muerte de la diosa, inoculándole su veneno. Si observas el firmamento durante las noches de verano, verás que las Pléyades parecen preceder a Orión, y que, conforme las estrellas hacen su recorrido por el cielo, según pasan las horas, cuando éste va hacia el horizonte, para ocultarse hasta la noche siguiente, la constelación de Scorpio se eleva, como si el animalejo fuera tras la pista del cazador -
- El cazador cazado, jo, jo - comenta, con una risita, uno de los oficiales que han venido hoy acompañando al tribuno.
- ¿Eso es lo que tú haces en las noches de verano, tribuno, mirar las estrellas?- le pregunta otro, con expresión irónica.
- Es una magnífica ocupación para pasar las horas en las que el calor acumulado durante el día no permite conciliar el sueño. Se sube a un lugar alto, para evitar que las edificaciones nos interrumpan la visión, y se puede observar cómo se disponen las constelaciones y los astros en el firmamento; y cómo se desplazan por él, desde el ocaso al amanecer -
- Bonita noche en vela - comenta el oficial de mayor graduación, con el mismo tono de antes.
- Pues a mí se me ocurren muchas formas mejores de pasar una noche de verano - dice el otro oficial, con un guiño pícaro.
- Tú es que siempre estás pensando en lo mismo - su colega se ríe y le da un codazo cómplice.
El tribuno los mira alternativamente y sacude la cabeza, como dándolos por imposible.
- Y con la perrilla, ¿qué pasa? -
- Pues nada, hermosura - me dice el oficial picarón - Que se subió a los cielos detrás de su amo, para no dejarle solo, como los buenos perros; y allí sigue, tratando de echarle la pata a una liebre bien gorda que también los dioses pusieron por allá, para vayamos los mortales a saber qué -
- ¿Y qué tiene eso que ver con que los días más calurosos del verano se llamen como la constelación? ¿Es porque coinciden con la época del año en que ésta resulta más claramente visible en el cielo? -
- Pues sí, y no - me responde el tribuno.
- Explícate, por favor, que vamos a hacerles un lío a nuestros lectores -
- Pues sí, la coincidencia astronómica y estacional está en el origen de la denominación latina para este caluroso período; pero, en realidad, esto nos llegó, igual que el mito, a través de nuestros vecinos griegos del Sur,... -
- Disculpa que te interrumpa, pero hagamos una pequeña aclaración para nuestros lectores. Queridos amigas y amigos, cuando el tribuno se refiere a los "vecinos griegos del Sur", alude a las colonias griegas establecidas en la parte meridional de la Península Itálica, tan numerosas, que esta área geográfica llegó a conocerse en la Antigüedad como la Magna Grecia... Cuando quieras, puedes proseguir, tribuno -
- Bien, querida. Como os iba diciendo, de los griegos tomamos el mito de Orión, y de su perro, que ellos identificaban con la estrella Sirius, la más brillante de la constelación de la Canicula. Para ellos, la constelación se llamaba Perro, pero para nosotros, desde mucho antes de que conociéramos la versión griega de la cuestión, siempre se había llamado Perrita. Adoptamos el mito, pero, cosas nuestras, no nos acabó de dar la gana de cambiarle el nombre a la constelación. Los griegos consideraban que la estrella Sirius era un elemento celestial poderoso y veleidoso, y que, según del humor con el que se levantara del horizonte poco antes del solsticio de Verano, así sería éste. A los días siguientes a la aparición veraniega de la constelación, los llamaban "los días del perro"; y nosotros, consecuentes con nuestras tradiciones, aunque les siguiéramos la corriente en cuestiones mitológicas, los llamamos de "la perrilla" -
- Humor latino - me dice el oficial picarón, con una sonrisita socarrona.
Y, queridos lectoras y lectores, una humorada latina acabó siendo, con el paso de los siglos, un cultismo entre sus descendientes.

Para ilustrar esta entrada, os traigo un precioso detalle de un fresco procedente de la antigua ciudad de Pompeya (Nápoles, Italia). Se lo conoce como "La aguadora", pues en él podemos ver a una mujer que da un vaso de agua a un caminante. Ambos visten a la griega (el sombrero de paja de forma cónica, con alto ápice, que lleva ella; la túnica corta y el manto que lleva él), algo muy común en las ciudades del Sur de la Península Itálica, donde la cultura helenística era todavía predominante en la época en la que transcurren nuestras novelas. La he elegido porque es una escena veraniega, donde el agua, que la mujer tiene en una tinaja, sirve para ofrecer refresco a los viandantes; y porque ambos aparecen acompañados por un perrito.

Hoy ya se nos ha hecho tarde, pero mañana hablaremos del perrito con otros de nuestros personajes, porque, sí, queridos lectores amantes de los canes, en la Antigüedad ya existían razas de pequeño tamaño, criadas exclusivamente para acompañar a sus dueños como mascotas. Y también seguiremos hablando de las estrellas con el tribuno, prometido.
- ¡Qué remedio! -
- No te quejes. Si a ti, en el fondo, te encanta este julepe de ida y vuelta entre el Pasado y el Futuro - le regaña el oficial de mayor graduación.
- Reconócelo, tribuno - le dice el oficial picarón.

martes, 12 de julio de 2016

LA CASETA DEL PERRO

Perro guardián en su caseta (mosaico; foto: T. Piquet, 1992)
Hoy debo comenzar la entrada con una disculpa, por la poca calidad de la imagen que os traigo para ilustrarla. Lo lamento, pero se trata de una vieja fotografía analógica, tomada a un mosaico, expuesto a la vertical en una pared del Museo del Bardo. Además, el detalle que nos interesa se encuentra en uno de los extremos superiores, donde habitualmente pasa desapercibido. Cuando lo he ampliado para vosotros, a partir de la foto, se ha desenfocado. No obstante, nos permite apreciar que retrata otra de las funciones de los podencos en la Antigüedad, la de perros de guarda y alarma, dado su buen olfato y lo sensible de su oído (a lo que contribuyen sus grandes pabellones auriculares, bien visibles en el mosaico).

El mosaico al que pertenece este detalle (y otros que ya han aparecido en entradas anteriores) se conoce como "el mosaico del señor Julio", y procede de las excavaciones de una villa rústica en el área de la antigua Hadrumetum (Túnez). En él se representa la citada villa y, a su alrededor, diversas escenas de la vida rural de su época (algunos siglos después de la de nuestras novelas, en el siglo IV después de Cristo). Junto a un campo de trigo (las espigas, listas para la siega, se ven  a la derecha de la imagen), está la caseta del perro guardián, en forma de pequeña choza de paja. Nuestro amiguito canino está sentado a la puerta, a cuyo pie hay una estaca clavada en el suelo, a la que alguien ha sujetado su correa para que permanezca en su puesto y de aviso de posibles intrusos, sin salir a la carrera tras ellos.

Aquí os muestro también una vista más amplia de la vieja foto de gran parte del mosaico. El perro guardián y su caseta están en el extremo superior derecho. Los que tengan buena memoria, podrán reconocer también (zona central, a la derecha) la escena de cacería que he utilizado para amenizar gráficamente un par de entradas anteriores; y en la que se ven otros dos podencos.

jueves, 7 de julio de 2016

JUNO Y LA BATALLA DE LAS HIGUERAS

Ramas y hojas de higuera (pintura al fresco)
Juno Caprotina

Hace dos días que la sonda espacial Juno alcanzaba Júpiter y se situaba en órbita del mayor planeta del sistema solar, para, girando a su alrededor como uno más de sus satélites, ayudar a las agencias espaciales a estudiarlo mejor.

Pero la Juno romana no era ningún "satélite" de su divino esposo, Júpiter. Y aunque él fuera óptimo y máximo, rey de los dioses y padre de muchos de ellos, Juno era su par y como igual a tres bandas, conformaba junto a él, y a Minerva, la triada de divinidades principales del panteón romano. Ella era reina, madre de dioses y encargada de la gobernanza divina de todo lo relacionado con el principio femenino, tanto celestial como terrenal. Júpiter era el Sol, y Juno, la Luna, los dos astros principales en la Antigüedad, responsables de la organización básica del tiempo. Si a Júpiter se le consideraba perfecto, Juno era perfecta.
- Y menuda era ella - dice Prisca, sin soltar la rueca - Aguantó con dignidad de reina todos los desaires y devaneos de su marido, tan ligerillo de cascos él; pero también se las hizo pasar canutas en más de una ocasión, y sus venganzas y arrebatos de celos fueron históricos,... Está todo en los mitos -

Nuestra amiga Prisca confunde Historia con Mitología, y, como era habitual en su época, los mitos latinos con los griegos.

Hoy, 7 de Julio, se celebra en España el inicio de un festival célebre en todo el mundo, coincidiendo con el día del santo patrono de la ciudad de Pamplona (la Pompaelo de época romana), San Fermín. Como en tiempos de nuestros antepasados romanos, en los festivales se entremezclan lo espiritual y lo lúdico, el culto religioso al santo, con las celebraciones populares (música, gastronomía, tauromaquia), que, al considerarse de alto interés turístico, han dado lugar a que de fiestas locales se haya pasado hoy en día a fiestas multitudinarias, con visitantes procedentes de los cuatro puntos cardinales del planeta.
Este día, en la Roma de nuestros antepasados, estaba dedicado a Juno, en su advocación de Caprotina, y desde muy antiguo, se celebraba con una colorida fiesta, protagonizada por las mujeres de la ciudad, tanto libres como esclavas.
- ¿No era así, Prisca? -
- Sí, hijita. El día de las Nonae Caprotinae toda mujer está llamada a ir a hacer ofrendas a Juno, en su altar del Campo de Marte. Así que todas nos ponemos bien guapas y salimos de los muros de la ciudad para ir hasta allí. Y, claro, los hombres también van, aunque sólo como espectadores, ¿eh?, porque es un día para las mujeres, en honor de la diosa -
- O sea, que es otra especie de fiesta campestre de las vuestras -
- Siii - se ríe por lo bajo - Primero la obligación, o sea, que hay que pasar por el altar para dejar los presentes a Juno, para agradecerle todos sus beneficios, y para pedirle que nos los siga prodigando. Bien tempranito, que en esta época del año, la calor aprieta. Y después, la diversión, con comida, y lo que se tercie, ji, ji, ji, a la buena sombra de las higueras silvestres. Es tradición que las mujeres nos hagamos coronas con las hojas de higuera, y que también se celebre la ancillarum festum, que resulta muy vistosa -
- ¿En qué consistía? -
- Las matronas que tenían sirvientas jóvenes, ése día, las hacían representarlas. Les prestaban ropa y adornos, y las muchachas, porque era cosa de mujeres jóvenes, con energía, se disfrazaban de sus amas y, como si fueran ellas, se enfrentaban unas a otras con ramas de higuera. Y, según la tradición, las ramas transmitían fecundidad a las mujeres -
- Seguramente alguno de nuestros lectores suponga que era un rito para propiciar la fertilidad de las esclavas, pero no era así, ¿verdad, Prisca? -
- Por supuesto, hija. La fertilidad se pedía para todas las mujeres, daba igual su condición social. Pero en el caso de esta tradición, ya os he dicho que las esclavas iban disfrazadas de sus amas. Vamos, que hacían de vicarias de las señoras, para que ellas no se despeinaran en el vareo,... no fueran a perder las horquillas del moño, ja, ja, ja... Era muy divertido, y las muchachas se lo pasaban en grande, correteando unas detrás de otras, a varetazo limpio -

Así que, queridos lectores, las Nonae Caprotinae eran, en tiempos de nuestras novelas, una mezcla de tradiciones religiosas y de magia propiciatoria de la fecundidad, de ritos religiosos, de supersticiones diversas, de "deporte" femenino (algo así como "esgrima con vareta de higuera") y de comida campestre,...
- Y de lo que se tercie, bonita, y de lo que se tercie, que bien sabido es que la sombra de las higueras induce al fornicio, y, en tratándose de una fiesta para conseguir fertilidad, ... pues había que aprovechar la ocasión, que la diosa lo veía con buenos ojos -

GLOSARIO
Nonae Caprotinae - Nonas de Juno Caprotina. Se celebraban el 7 de Julio.
Caprotina - Una de las advocaciones de la diosa Juno, en su faceta de propiciadora de la fertilidad femenina.
Ancillarum festum - Fiesta de las esclavas (ancilla/esclava o sirvienta; festum/fiesta, celebración festiva)

Para ilustrar esta entrada, os traigo un detalle en el que se ven ramas y hojas de higuera, procedente de un bello mural pintado al fresco, de Pompeya (Nápoles, Italia).

miércoles, 6 de julio de 2016

JULIO ES ÉL

Cayo Julio César
El mes de Julio se llamaba originalmente Quinctilis, puesto que, cuando el calendario romano comenzaba en Abril, era el quinto mes del año. Fue a finales de la República, en los últimos decenios del siglo I antes de Cristo cuando, tras el magnicidio que acabó con la vida de Cayo Julio César, al mes se le cambió el nombre en su honor, pasando desde entonces a denominarse con su nomen, Iulius. Hasta entonces, Julio era un mes bastante anodino en el calendario, con pocas celebraciones religiosas, que, además, en esas fechas, ya habían perdido la significación espiritual que tuvieran en el pasado más remoto de Roma. Era también el mes en el que comenzaba la canícula, lo más tórrido del verano, y, con las calores, la desvandada de todo el que podía alejarse del marasmo recalentado de las ciudades, ya fuera al campo, a las zonas más elevadas y frescas de las montañas; ya a la costa, donde la benéfica brisa marina daba un respiro y permitía dormir bien.

Después de la muerte y ascensión a los altares de Julio César, y a pesar del cambio de nombre, el mes siguió siendo tan anodino como antes. El calor bochornoso del pleno verano no cambió porque se tratara desde entonces del mes homónimo del gran estadista, militar y escritor. En realidad, lo que se hacía era inmortalizarle, recordando para siempre en el calendario el mes de su dies natalis, puesto que, en el mes Quinctilis del año 100 antes de Cristo, había nacido el que llegó a ser el hombre más grande de Roma. Inimitable, aunque no único, ya que no era el primer Gaius de la rama de los Caesar de la gens Iulia. Inmortal, porque algo más de 2000 años después le seguimos recordando de múltiples maneras, y, al igual que en vida, todavía sigue teniendo tanto fervorosos defensores de su gestión y sus obras, como ardorosos detractores. Hoy, como entonces, Julio César no deja indiferente a nadie. Y, aunque hubiera caído en el olvido, como sucedió con otros muchos personajes relevantes de su época, que ya sólo son referencias en sesudos libros y ensayos históricos, seguiría estando siempre con nosotros en el calendario.

- Inimitable, inimitable - dice nuestro amigo el tribuno - Ninguno como él entonces,... ni después. He leído con singular detenimiento y atención los tratados de tu biblioteca que me recomendaste, querida, y he comprobado los lamentables intentos que algunos, que se postulaban como émulos suyos, hicieron en otras épocas, entre la nuestra y la vuestra. En ocasiones, debo decir con pesar, con terribles resultados y poco o nada bueno para compensar las desgracias,... Tampoco ninguno de ellos estuvo a su altura intelectual, ni, en público debate en el foro, hubieran sido rivales para su elocuencia. En resumen, como dicen mis hombres en su jerga cuartelera, que ninguno le llegó ni siquiera a los cordones de las sandalias, y que, en contubernio, nuestro Julio César les hubiera dado sopa con honda a todos ellos -

Así que, queridos lectores, el mes de Julio es él.
- Bien, tribuno, aprovechando que estás aquí, podrías comentar algo sobre las festividades de Julio a nuestros lectores -
- No, si ya sabía yo que, de una forma o de otra, me liabas. Esta oferta de dejarme leer a mis anchas una biografía de Bonaparte escondía una trampa -
- Yo diría que es un trato justo: información por información -
- Tú ganas,... como siempre. A ver, ¿qué quieres que te cuente? -
- Poca cosa, que ya se nos está haciendo tarde, y pronto vendrán a buscarte. ¿Cuáles eran las principales celebraciones del mes de Julio? -
- Pues, la verdad, en nuestros tiempos, lo que más se celebraba eran los Juegos Apolinares. Se habían instituido en honor del dios Apolo, divinidad que, como ya os he contado en otras ocasiones, adoptamos del panteón griego. En principio había sido un festival de componente religioso, con rituales diversos, no sólo en los templos, sino también llevados a las esferas artística y deportiva, en forma de conciertos, recitales poéticos, representaciones teatrales y juegos gladiatorios. Pero con el tiempo, probablemente porque el divino Apolo no era un rancio latino, sino un refinado griego, la plebe, y todos los demás romanos, fueron dejando en segundo plano las cuestiones espirituales y manteniendo las lúdicas. En nuestra época, casi nadie, - salvo los filósofos estudiosos de las costumbres religiosas y algunos muy píos - recordaba, sin mucho interés, el vínculo religioso original de los Juegos Apolinares, que se seguían celebrando por tradición, entre los días 6 y 13 del mes. Nuestro César, Octaviano, les dio un nuevo impulso, en agradecimiento por el apoyo que el dios había prestado a nuestra causa en la batalla de Actium. Aunque esto sólo quiere decir que todos los espectáculos adquirieron algo más de fasto y esplendor, y la componente religiosa no llegó a calar tan hondo como él hubiera querido. Y lo mismo sucedió con el resto de festividades religiosas del mes, que se siguieron celebrando, pero apenas eran del interés de algunos muy píos y de los colegios sacerdotales encargados de los cultos; éstos últimos, por pura responsabilidad, por supuesto; ya que, pasados los juegos y llegados los idus, con la feroz canícula encima, a los que no habían salido a escape de Roma, bien pocas ganas de sahumerios y plegarias a la luz de las lámparillas y las velas les quedaban -
- ¡Tribuno! - un vozarrón le interrumpe - ¡Déjate de historietas! ¡De vuelta a los cuarteles! Que, como de costumbre, en cuanto nos descuidamos, te dan por aquí los güevos del gallo,... Y no está la cosa como para que te nos despistes a tus anchas,... Y tú, bonita, ni rechistes siquiera... ¡Al Pasado! ¡Ya! -

GLOSARIO
Quinctilis - Quinto mes del calendario arcaico romano. Posteriormente, cuando se situó el inicio del año en Enero, pasó a ser el séptimo, aunque no se cambió de nombre sino hasta la segunda mitad del siglo I antes de Cristo, para honrar la memoria de Julio César, que había nacido en ese mes.
Dies natalis - Día del natalicio, comienzo o fundación. Cumpleaños.
Gens - Entidad de parentesco, compuesta por las familias que compartían un mismo nomen, derivado de un antepasado arcaico común, considerado el fundador del linaje. Similar a los clanes o gentilidades de otros pueblos de la Edad del Hierro y la Antigüedad en Europa.
Nomen - Nombre. Equivalente al actual apellido.

Para ilustrar la entrada de hoy, como no podía ser de otra manera, un retrato de Julio César.

martes, 5 de julio de 2016

CUANDO LLEVAR BRAGAS ERA COSA DE HOMBRES

Cazador vistiendo bragas (mosaico; foto: T.Piquet, 1992)
Ya me estoy imaginando la cara de muchos de vosotros, queridos lectoras y lectores,... pues quitaos esas sonrisillas picaronas de la cara, porque sí, vamos a hablar de moda, pero no precisamente de ropa interior, ni de travestismo.

En la Antigüedad, las bragas (bracae) eran un pantalón, o más propiamente, un calzón de montar, que, en principio, fue adoptado por el ejército, por lo práctico de la prenda; y posteriormente, por todos los aficionados a la caza y la equitación, dada su comodidad y evidentes ventajas para la actividad física vigorosa. Las bracae son una prenda con dos perniles (de ahí que siempre se nombre en plural), que llegan por debajo de las rodillas, protegiendo la entrepierna y la cara interna de los muslos del roce con la montura. A la par, abrigan, y, combinadas con polainas o con botas de caña alta, ayudan a proteger la pierna entera de las inclemencias del tiempo y de la vegetación en el monte. Se confeccionaban con paño resistente o cuero; pudiendo utilizarse también una combinación de ambas materias, de forma que el cuero o la badana reforzaba las partes de la prenda que más lo necesitaran, conforme a la actividad del usuario.

Las bracae eran un "diseño" original galo,... Sí, queridos lectores, ya entonces los habitantes de lo que hoy es Francia apuntaban maneras para ponerse a la vanguardia de la moda. Pero, aunque adoptaron las bragas, nuestros antepasados lo hicieron por puro sentido práctico y su uso no se extendió más allá de las situaciones en las que eran útiles y cómodas, puesto que, como hoy en día los escoceses, romanos y latinos consideraban una cuestión de hombría el llevar las pantorrillas al descubierto, luciendo rodilla estuviera el tiempo como estuviera. El clima ayudaba, así que tendrían que pasar muchos siglos, y algunos empeoramientos climáticos, para que todo hombre acabara llevando pantalones.
La cuestión de por qué el término acabó designando exclusivamente a una  prenda íntima femenina es otro cantar, y de otra época muy lejana de la de nuestras novelas. Corramos sobre esto último un tupido velo, pues el personaje que hoy nos acompaña se disgustaría mucho al comprobar en qué han devenido las bracae que él vestía con mal disimulado orgullo varonil.
- Encantados de tenerte hoy con nosotros,... Disculpa, pero no se bien con qué cargo referirme a ti, puesto que, entre la primera y la segunda novela, ascendiste -
- A regañadientes, que conste, hermosura, porque yo estaba muy bien como estaba,... Era un cargo en el que me había confirmado el mismísimo Julio César, ahora divino entre los inmortales, en persona. Y honor tan grande yo nunca hubiera querido declinar,... pero las circunstancias fueron las que fueron, como dicen mis colegas romanos, y no tuve más remedio que aceptar el ascenso -
- Que no fue pequeño, según tengo entendido, ya que pasaste de oficial a un rango muy superior y con mucha más responsabilidad -
- Cierto, pero insisto: fue por necesidades del servicio, y no por honores. Un galo como mandan los cánones se gana con honor y sangre sus cargos en el ejército,... Sin enemigos vencidos, ni batallas ganadas, ¿qué honor, ni qué leches? -

Queridos lectores, nuestro personaje es un galo impresionante, al mando de una unidad de auxilia, procedentes de las Galias. Según me han contado nuestros amigos, los oficiales romanos, tiene un gran sentido del humor, y un mal genio mayor todavía. Su aspecto es fiero, aunque, a nuestros ojos, mal acostumbrados por la imaginería de Hollywood, resulta un tanto atildado.
- Veo que te has arreglado mucho para venir a visitarnos. Lástima que nuestros lectores no puedan verte - le digo, para tirarle de la lengua. Viste un colorido traje, formado por camisola, bragas y polainas de paño a rayas cruzadas, al estilo del actual tartán escocés. Unas botas de media caña, de un cuero magníficamente curtido y teñido, y un ancho cinturón de estilo similar, formado por haces de finas tiras trenzadas, con una enorme y artística hebilla de plata. Su largo cabello está pulcramente recogido en trenzas, y su gran mostacho lleva las guías elegantemente enceradas. Y luce varios anillos de oro y plata, algunos con gruesas piedras preciosas, de estilos variados (céltico, romano, griego, oriental), prueba de su estancia en muchos lugares diferentes en torno al Mediterráneo.
- Yo no me he "arreglado" mucho. Vengo de diario,... Si les hubieras dicho a mis colegas romanos que me advirtieran de que era una ocasión especial, habría venido con capa, mejores joyas y todas mis condecoraciones -
- Los hombres de tu escolta también parecen... -
- ¿Muy "arreglados"?,... ¡pues no!,... Ya me habían avisado: los modernos tienen unas ideas muy poco favorecedoras, por decir algo, del aspecto que teníamos todos los que vivíamos más allá del Ródano en mis tiempos,... Nos representan siempre desgreñados, vestidos con harapos o con pieles en bruto, y, cuando no, sucios y mugrientos,... ¡Pues no!¡válgame Epona!, que los galos somos gente limpia y aseada en nuestro estar y vestir. Cuidar el aspecto de uno mismo es tan importante como cuidar del de su caballo. Todo en ti tiene que decir a los demás quién eres, de dónde vienes y por dónde estás en la escala social - añade, moviendo los dedos para que pueda ver bien su colección de sortijas, "de diario".
- Pues entonces tú eres ... -
- Un hombre importante - me interrumpe, seguramente dudando del calificativo que una moderna como yo pudiera darle - Un gran hombre entre los míos, con una numerosa e influyente parentela. Y mis hombres también: cada uno de ellos es miembro o cliente de una familia bien situada, y, por supuesto, parientes o clientes míos -
- De ahí el "arreglo" -
- Llámalo como quieras, preciosidad - concede, dejándome por imposible - Pero, sí, todos llevamos bien a la vista, en nuestras ropas y aderezo, y en el enjaezado de nuestros caballos, que no somos ningunos don nadie -
- ¿En toda ocasión?, quiero decir que nuestros lectores se preguntarán si también entráis en batalla tan "arreglados" -
- Por supuesto. Y más todavía. Que tu enemigo siempre sepa con quién se enfrenta. Que al primer golpe de vista se de cuenta de que se va a medir con un hombre de calidad, con un guerrero valiente y valioso, a cuyas manos será un honor para él morir -
- ¿Y si es al contrario?, lamentablemente, por supuesto -
- Ya me habían dicho que eras diplomática - dice, con un guiño y una sonora carcajada - ¿Qué crees, que a un galo le impresiona hablar de la muerte en combate? ¿Habéis oído, hijos? - les pregunta a sus hombres, que corean con risas la suya - Un guerrero galo ni teme a la muerte, ni se acojona por hablar de ella, ¡faltaría más!. Muchas cabezas de enemigos bravos han colgado como adornos del arnés de mi caballo,... de nuestros caballos. Y otro día puede tocarnos a nosotros, así que también nos vestimos con nuestras mejores galas y llevamos nuestras mejores joyas para que, si caemos, podamos irnos de este mundo con la misma dignidad con la que vivimos en él... Por otra parte, si nos hicieran prisioneros, nuestro aspecto dice al enemigo que somos buenos rehenes, personas de calidad a las que habrán de tratar con respeto y consideración, porque podrán pedir un magnífico rescate a cambio; rescate que nuestros deudos y parientes pagarán con largueza -
- ¿Y cómo es para vosotros el vivir entre romanos? -
- ¿Eh?,... No se si te he entendido en este latín rarísimo que se habla en la modernidad -
- ¿Os sentís extraños entre los romanos? -
- No, por supuesto que no, guapetona,... Esto ¿te he dicho ya que tienes unos ojos muy bonitos? -
- Los romanos, centrémonos en los romanos -
- ¿Cómo nos vamos a sentir extraños entre los romanos, si nosotros somos los romanos? -
- Pero vosotros sois galos -
- Por los cuatro costados, y a muchísima honra; pero también somos orgullosos ciudadanos romanos, por la gracia del divino Julio César -
- ¿Romanos nacidos en las Galias? -
- No retuerzas la madeja, preciosa, que es muy sencillo: somos galos y somos romanos, todo la vez -
- Pero los galos son pueblos célticos y los romanos son latinos -
- ¿Y qué?... Para un galo no es difícil aprender latín,... yo mismo lo he aprendido de oído; y para un romano tampoco es muy complicado aprender cualquiera de las lenguas que se hablan en las Galias. No les gusta reconocerlo, pero la mayoría de mis colegas, que estuvieron en las campañas de César por allí, se defienden bastante bien en mi lengua materna, y hasta chapurrean alguna otra... Los inviernos se hacen muy largos y es normal que se acabe confraternizando: para echar una buena partida de dados hay que entenderse de alguna manera, ¿no? - dice con un guiño - Y las otras diferencias: ninguno de nosotros es menos hombre porque lleve, como ellos, el pelo corto, con flequillo y la cara rasurada; o, como nosotros, el pelo largo y mostacho. Y la ropa, bueno, ellos visten uniformes muy sosos,... pero las tropas auxiliares podemos vestir como nos venga en gana, así que no hay ningún problema,... El "problema" me parece a mí que es cosa de los modernos y vuestros prejuicios hacia los antiguos, ¿o me equivoco? -
- Seguramente habrá lectores que no comprendan que un galo de alcurnia pueda estar orgulloso de ser ciudadano romano -
- Porque los modernos ya no entienden algunas cosas que eran importantes entre nosotros, los antiguos. Que otra familia, otro clan, otra gente, otra ciudad te cuente entre los suyos es un honor. Y ese honor es mayor conforme mayor es la relevancia de los que te acogen. Hoy en día, bueno, en mis tiempos, la ciudad de Roma había llegado a ser muy importante y poderosa, así que ser sus aliados y servir en sus ejércitos como tropas auxiliares era algo de gran valor para nosotros. Y la fiereza y valentía que demostramos, - que siendo galos no podía ser de otro modo -, batiéndonos codo con codo junto a las legiones romanas frente a enemigos comunes, nos valió que César nos nombrara romanos a todos. El Senado de Roma, como es costumbre entre ellos, lo hizo escribir para nosotros, y para todos los que sepan leer latín, claro,... No he visto a gente que le guste más escribir, preciosa, y mira que desde que mis hombres y yo nos unimos a las legiones hemos visto mucho mundo, ¿eh? -

GLOSARIO
Bracae - Calzón o pantalón de montar, con largo hasta debajo de las rodillas.
Auxilia - Tropas auxiliares. Eran contingentes de tropas de origen no latino, que luchaban junto a las legiones romanas. En la mayoría de los casos eran especialistas: caballería, arqueros (a pie o a caballo), honderos, lanceros (a pie o a caballo), infantería ligera. Las unidades se agrupaban e identificaban por su especialidad y origen geográfico.
Epona - Diosa céltica, muy venerada en las Galias.

Esta entrada, al igual que otras en las que también nos acompañará este valeroso guerrero galo, romano por la gracia de César, está dedicada a nuestros amigos de Francia, donde el número de lectores ha crecido hasta ser el tercer país de nuestro particular globo terráqueo.

Para ilustrar esta entrada, un detalle de una imagen que vimos hace pocos días. El cazador de la red y los podencos, lleva, para tener mayor libertad de movimiento, los bajos de la túnica alzados y recogidos en el cinturón, dejando ver que también lleva puestas unas bracae, que le llegan hasta debajo de las rodillas. Como ya os comenté, el mosaico al que pertenece este fragmento se encuentra en la colección del Museo del Bardo, en Túnez.

domingo, 3 de julio de 2016

¡¡¡FELIZ VERANO!!!

Dama con sombrilla
LA DAMA DEL PARASOL


Queridos lectoras y lectores: por fin es Verano. Cierto que por estas tierras hispánicas hace mucho calor, las noches pueden ser bochornosas y los mosquitos, una tortura volante,... lo mismo que en los tiempos en los que transcurren nuestras novelas.
- ¡¡¡Damos fe!!! - dicen todos mis personajes a coro.

Pero también es cierto que los días son largos y llenos de luz; los cielos tienen un azul que alegra el alma; y si buscamos una sombra fresca podemos dedicarnos a hacer cosas tan placenteras como leer o escribir.

Mis personajes y yo vamos a dedicarnos, relajadamente, a disfrutar de nuestras historias en el Pasado. No obstante, seguiremos compartiendo estos pequeños ratos con vosotros, y amenizando a más de uno las vacaciones con algunos toques de buen humor a la romana.

Para ilustrar esta entrada, os traigo el muy veraniego retrato, en forma de sombra chinesca, de una dama con un parasol. Sí, amigo Ángel, en aquella época existían las sombrillas.
¿Y quién es esta dama, de la que sólo vemos la silueta? Pues, de momento, sólo puedo deciros que es uno de los personajes femeninos del elenco, que no aparece aún en la primera novela, pero que posteriormente tendrá mucha relevancia.
- Sí, sobre todo para éste y sus pesquisas en un asunto muy espinoso - el oficial más guapo de todas las Hispanias le da un codazo al narrador - ¿Verdad, amigo mío? -
- Cierto - contesta el personaje narrador, con cierta renuencia, pues prefiere escribir sobre sus casos que hablar de ellos.
Su guapo amigo hace un guiño pícaro y los dos se echan a reír por lo bajo.
- Pues ya nos contarás qué os hace tanta gracia a los dos - les digo.
- Ya, ya te contaremos - me prometen, marchándose de muy buen humor.
- Mira que es decorativo ese mozo - dice Prisca, saliendo de la cocina cuando los oficiales se marchan - El otro, el alto, también es presentable, pero con su amigo se lucieron los dioses, ¡válgame Venus!,... Y ya te digo yo, niña, que con ésa de la sombrilla tiene que haber algo por ahí,... -
- ¿A qué te refieres, Prisca? -
- A algo... picante,... ya me entiendes, bonita -
- Ellos han dicho que tenía relación con un asunto que estaban investigando -
- Y tú vas y te lo crees,... ¿No has visto cómo se reían, los muy picarones? ¿no te has percatado del guiño del guapo? ¡¡¡Ayyyy, que parece que te has caído de un guindo!!!,... Pero no te preocupes, que yo lo averiguo y te lo cuento,... Y a vosotros también, lectores,... ¡Cómo me gusta eso de hablarles a los lectores por la caja parlante!... Porque hay alguien ahí, ¿no?... No vaya a ser que esté yo hablando sola, como los locos,... -

Para los que sientan curiosidad: la silueta la he dibujado a partir de un detalle de un fresco de época romana, que se conserva en el Museo de Nápoles (Italia).