lunes, 18 de julio de 2016

EL PERRITO

Perro de pequeño tamaño (pintura al fresco, Pompeya/Italia)
Riendo por lo bajo, el narrador y su amigo, el oficial más guapo de todas las Hispanias, acaban de llegar, puntuales, a nuestra cita de esta tarde.
- ¡Qué calor, muñeca! - exclama el guapo, dejándose caer sin mucha ceremonia en el sofá.
- Que los dioses te favorezcan con buena salud, Flaquilla - me saluda el narrador, más formal.
- ¡Bienvenidos! Os he preparado algo para refrescaros - les señalo una jarra de limonada con hielo y unos vasos, que acababa de disponer para ellos.
Miran con curiosidad los cubos de hielo que flotan en la jarra, y se sirven cada uno un vaso.
- Nunca había visto carámbanos con forma de dado - dice el guapo con una sonrisa arrebatadora, mientras contempla como caen los cubitos en su vaso.
- Ten cuidado, o lo vas a derramar - le advierte el narrador.
- ¿Qué os parece? - les pregunto, al ver sus gestos al beber la limonada.
- No había probado esto jamás,... parece zumo de alguna clase de fruta, aguado - dice el narrador, tras un segundo trago.
- Está dulce y, a la vez, ácido; como los membrillos poco maduros - dice el guapo - Pero membrillo no es, seguro. No hay forma humana de sacarle tanto caldo a un membrillo -
- Es zumo de limón, con agua y un poco de eso que ya os dije que había sustituido a la miel como edulcorante, el azúcar -
- ¡Ah!, y de "limón", "limonada" -
- Exacto -
- ¿Y qué clase de fruta es el "limón"? -
- En vuestros tiempos se conocía como manzana de Media, y era propio de Oriente. Su consumo generalizado y su cultivo no se extenderían por las riberas del Mediterráneo hasta casi un milenio más tarde -
- ¡Vaya! Hoy podemos decir que hemos saboreado el futuro - ríe el oficial guapo, sirviéndose otro vaso. Esta vez con más cuidado para no dar lugar a un aluvión de cubos de hielo.

Después de dejar que acabaran tranquilamente la limonada, mientras me contaban las dificultades que habían tenido, por motivos del servicio, para poder darse una vuelta por aquí, entramos en materia:
- Hoy nuestros lectores esperan que les hablemos de las razas de perros de tamaño pequeño de vuestra época -
- Los perros pequeños eran básicamente variedades de alzada corta de perros de caza - explica el narrador -, que se criaban y se seleccionaban para faenas concretas en el monte, como sacar a las piezas de caza menor de sus encames o madrigueras, o perseguirlas entre la maleza. Así que se fueron formando tipos menudos de lebreles y podencos -
- ¿Y para otras funciones o actividades? -
- También se criaban perros pequeños para controlar a ratas y ratones, en las viviendas, los hórreos y los establos; y para vigilar los gallineros y mantenerlos a salvo de zorros, hurones y comadrejas -
- O sea, perros de trabajo -
- Sí, se puede decir que todos se ganaban el sustento ayudándonos en algo -
- Algunos de nuestros lectores, entre los que hay muchos amantes de los perros, me han pedido que os pregunte si en vuestros tiempos había perros mascota, que sólo se criaran para hacer compañía a sus amos -
- Todos los perros siempre hacen compañía a sus amos. Forma parte de su naturaleza - responde el narrador - Pero sí, había algunas clases de perros ratoneros, que, al ser muy pequeños, no sólo se utilizaban para mantener limpio de roedores el espacio que les fuera asignado, sino que también la gente los tenía como adorno, buscando ejemplares peculiares -
- ¿Peculiares? -
- Sí, hermosa. Muy pequeñitos, de un color determinado, con mucho pelo o con muy poco,... cosas de esas - me explica el guapo, quebrando los cubitos de hielo supervivientes con evidente placer entre sus magníficos dientes.
- Ahora que recuerdo, amigo mío, - le dice el narrador con una media sonrisa - tú tuviste alguna complicación sentimental por culpa de uno de esos perritos -
- Sí - reconoce el guapo - Pero no fue sólo "uno de esos", fue "el perrito" - añade con disgusto.
- Eso tienes que contárnoslo. Por favor - le pido.
- No debería airear mis penas de amor - dice, con fingido pudor.
- ¡Qué amor! No hubo nada de amor en toda esa historieta - le dice su amigo, el narrador.
- No te creas, que yo andaba enamoriscado de Fulviola, de verdad,... Aunque he de reconocer que la fortuna que heredaría me atraía mucho más -
- El caso es que aquí, mi buen amigo, había conseguido postularse como pretendiente formal de una joven y rica heredera, hija única de un matrimonio de mediana edad, de la bien situada gens Fulvia, que, al llegar la muchacha a edad casadera, querían organizarle un matrimonio conveniente cuanto antes, para que la niña fuera una decente matrona el día que ellos faltaran. Buena posición social, buenas relaciones familiares y políticas, buenas propiedades y buenos dineros,... -
- Y guapa, ¿eh?. Linda de cara, dulce de carácter y con un tipazo que quitaba el hipo, que me había informado bien, a través de una camarera de las termas a las que ella solía ir a bañarse con sus amigas, a cambio de una generosa propina. Que nunca se sabe lo que ocultan tantas capas de bonito paño -
- En resumen, que la muchacha era lo que se dice un buen partido - me dice el narrador con un guiño.
- Sí. Pero yo tampoco soy manco. Joven, buena salud, guapo, elegante, con buenas relaciones y ya medianamente situado en sociedad,... -
- ¿Y el perrito? -
- A eso voy, queridita. Un poquito de paciencia. El caso es que, a pesar de haberme aceptado como pretendiente, todo en su familia eran suspicacias. Temían que yo no fuera más que un vulgar cazador de herencias, a pesar de todas las recomendaciones y buenas referencias que fui capaz de presentar al viejo Fulvio. Pero los de esa gens son una casta de desconfiados,... Ellos ya tenían varios candidatos para yerno antes de que yo entrara en liza, pero ninguno le gustaba a la niña. Fulviola tenía la habilidad de manipular a sus padres, que, con tal de ver feliz a la niña de sus ojos, acababan haciendo lo que ella quería. Y, una vez que puso sus ojos en mí, lo que Fulviola quería era yo... Así que, una vez que convenció a sus padres, me convertí en el pretendiente oficial, pasando por delante de tipos mejor situados que yo, pero menos agraciados y más viejos... Al principio, todo me pareció miel sobre tortas. Sabía que me costaría trabajo ganarme a Fulvio y a la tiesa de su esposa, pero era cuestión de tiempo. Otro cantar fue el acercamiento a mi palomita. Podía ir a visitarla a su casa, o encontrármela de forma intencionada por la calle, pero siempre rodeada de una legión de sirvientes: nodriza, preceptor, maestro de música, peluqueras, camareras, chachas, jardineros, cocheros, portadores de silla de manos;... y, a menudo, además, todo un corro de amigas y parientas, que no la dejaban ni a sol ni a sombra,... ¡Así Venus no tiene nada que hacer!,... Recurrí a todo mi ingenio, que, digan lo que digan todos estos cabroncetes de colegas míos, es mucho,... -
- Sí, nadie lo niega, pero sólo para lo que te interesa - le interrumpe, socarrón, el narrador.
- ¡Bah!,... El caso es que fui haciendo aproximaciones, y, con dotes de seducción y paciencia, conseguí que Fulviola también maquinara la forma en que pudiéramos vernos a solas en sus aposentos -
- Ya érais dos tirando del carro en la misma dirección -
- Pues no del todo. Porque cuando yo me las prometía más felices, Fulviola se echó atrás -
- ¿Te rechazó? - le digo, asombrada.
- No exactamente: me puso condiciones. Yo entonces caí en la cuenta de que quizás no había sido todo lo generoso que correspondía a una muchacha de su estatus, así que, ¡ea! ¡al estilo Craso!, tiré de bolsa y la fui colmando de regalos,... Pero no había manera; así que, un poco harto ya de la situación, y temiéndome que no cataría el pastel hasta la misma boda, le pregunté directamente qué es lo que quería para acceder a encontrarnos a solas -
- Y la espantaste - le digo.
- ¡No! ¿Qué clase de palomita crees que era? . Me dijo, claramente, con sus modos más zalameros, que quería un perrito. Porque resulta que no podía seguir más tiempo sin un perrito, ya que a su mejor amiga, y rival en el mundillo mujeril del momento, le habían regalado un perrito de Melita, tan pequeño que lo llevaba a todas partes metido en una cestita de mimbre, con el asa adornada con cintas de colores, igualitas a las que le colocaba al animalito en el pelo, y a juego con sus vestidos. Como yo debía comprender, Fulviola no podía pasar mucho más tiempo sin tener un perrito más vistoso aún que el de su amiga. Y si yo se lo regalaba, ella será la más feliz de las mujeres, y yo, por supuesto, el más feliz de los galanes -
- Así que, aquí mi buen amigo, se dispuso a comprar un perrito para su adorada -
- Y lo hice muy bien. Me costó algo de trabajo, pero conseguí hacerme a buen precio con una melita completamente blanca, con el pelo muy largo, para que mi Fulviola le pudiera poner todos los lazos que le viniera en gana; y lo suficientemente pequeña y ligera como para que la llevara como quisiera, en un cestito, o incluso en un pañolón, colgando del codo -
- ¿Tú solo? -
- Bien, - el oficial guapo hace un gesto de indiferencia -, te concedo que lo hizo un tipo por mí. Me debía algunos favores, así que se encargó de buscar al perrito, y regatear un buen precio... Coloqué al animalito en un canastillo, y lo tapé con un bonito pañuelo del color favorito de Fulviola,... que no era plan de que nadie se burlara de mí por ir por la calle con una melita a cuestas,... y me presenté en casa de los Fulvio dispuesto a lanzar mi órdago. ¡Menuda jugada! Le ofrecí el regalo delante de sus padres, amigas, parientas y servidumbre, y cuando Fulviola levantó un pico del pañuelo y el bichito sacó su cabecita blanca y peluda, en la que brillaban unos ojillos y una naricilla muy negros, puso tal cara de satisfacción, que todos los demás en la casa sonrieron, suspiraron y, desde aquel momento, me miraron con otros ojos. Antes era sospechoso de ser un caza herencias sin escrúpulos, y ahora, perrito mediante, pasaba por un hombre sensible, cariñoso y de fiar. Por fin había caído en gracia y tendría la recompensa que esperaba de mi amada. A mi siguiente visita, hasta los esclavos me saludaban con amabilidad, ya no había mil y un controles familiares y femeniles en mi camino hasta el atrio donde, a mi llegada, la nodriza se llevó al resto de mujeres y muchachas como si fueran un grupito de ocas, y nos dejó a solas. Por fin, Fulviola y yo,... y Nix, el perrito. Aquella tarde, ella se pasó todo el tiempo contándome las gracietas del bichito, al que había llamado así porque le recordaba a una bola de nieve. Y el perrito se pasó todo el tiempo mirándome con cara de pocos amigos, y gruñéndome por lo bajo; incluso intentó moderme la mano cuando quise acariciarle la cabeza para congraciarme con él, como me pidió ella -
- ¡Vaya! - me río - Parece que el perrito no supo agradecerte el que le hubieras buscado una familia y una casa tan estupendas -
- Y tú que lo digas, hermosa. Ese bichito era una bestezuela ingrata, que acabó por destrozar nuestra relación. En los días siguientes, en contra de lo que Fulviola opinaba, Nix, no se hizo "amiguito" mío, sino que me observaba como un cancervero en miniatura, y cada intento de acercamiento por mi parte era recibido con ladridos tan agudos que debían escucharse hasta en Etruria. Yo intentaba besarla, y el perrito se colaba a empellones entre los dos, gruñendo y enseñándome los dientes. Si mi mano iba hacia su escote o se dejaba caer sobre su rodilla, Nix, gañía como si le hubiera pisado el rabo y se tiraba sobre mis botas, emprendiéndola a mordiscos con los cordones;... y Fulviola, muerta de risa por las "gracias" de su perrito y por mi frustración. Un día, después de arruinar la puntera de uno de mis mejores pares de botas meándose encima, cogí al dichoso perrito y lo metí dentro de un baúl. Fulviola me lo afeó, tratándome de niño grande que no sabía comportarse ni controlar sus berrinches; y ya no aguanté más. ¿Berrinches? Hasta entonces aquella niñata mimada y caprichosa no sabía lo que era un berrinche de verdad,... Desahogué mi frustración amorosa llamándola de todo menos bonita, y le dije que se fuera buscando un buen amante, porque su próximo pretendiente era más viejo que sus padres, y, después de lo que estaban todos oyendo detrás de las puertas, y de lo que yo iba a hacer correr por los mentideros del foro, no pasaría ni un mes antes de que la hubieran casado con él. Y terminé diciéndole que no se molestara en devolverme los regalos que le había hecho, ni el dinero que le había dado, que los daba por bien perdidos si también los perdía de vista a ella y al perrito -

GLOSARIO
Melita/ canis melitensis - Perro de Melita. Raza de perro ratonero de tamaño pequeño, propio del Mediterráneo Central, donde había varios topónimos Melita (ciudades, islas e islotes). Como está en el origen del actual Bichón Maltés, hemos escogido para "el perrito" el color blanco níveo de esta raza actual, aunque no se sabe qué aspecto o color tenían en la Antigüedad, ya que esta característica de su standar no se fijó hasta el siglo XX, presentando anteriormente capas de diversos colores, y distintos largos de pelo.
Nix - Nieve.
Malum medica - Manzana de Media/limón. El origen del limonero se situaba en Persia, en la región de Media.
 Craso (Marco Licinio Craso) - Estadista romano de finales de la época republicana (siglo I antes de Cristo), famoso por su enorme riqueza.

Para ilustrar esta entrada, os traigo de nuevo, ampliado, al perrito de la aguadora de la entrada anterior. Se trata también de un perro ratonero, cuyas características morfológicas encajan en las que hoy día comparten razas como el Fox Terrier de pelo liso, el Pinscher y los actuales ratoneros mediterráneos (de los que hay varias razas en España): tamaño medio-pequeño (la proporción de su tamaño con respecto al viajero permite apreciar que su alzada no sobrepasa altura de la rodilla de éste), patas largas y fuertes, pecho sólido, vientre recogido, cuello fuerte, cabeza pequeña, con hocico relativamente largo y fino; orejas altas, relativamente pequeñas y apuntadas. La única excepción es la cola, larga y muy estrecha en nuestro perrito, que suele ser eliminada o recortada por los criadores en los ejemplares de las razas actuales. El contraste de colores (dos tonos, oscuro en la parte superior del cuerpo, y claro en la inferior) que empleó el pintor, podría apuntar a que hubiera tenido una capa del tipo "negro y fuego".

No hay comentarios:

Publicar un comentario