domingo, 8 de febrero de 2026

 

    ANTIGUO CLUB DE LECTURA

Queridos lectoras y lectores:

Estrenamos nueva sección en el blog. Como saben, contamos en el blog con la sección "Lanzas rotas", en la que publicamos las reseñas y opiniones de diversas personas sobre la novela "Caballos de octubre", abierta a las que seguirán a las siguientes entregas.
Por otra parte, estamos decididos a romper lanzas a favor de otros escritores de novela histórica y de novela policíaca, cuyas obras hayamos leído en los últimos tiempos. Y lo haremos, como no podía ser de otra forma, con el concurso de nuestros personajes, organizando un "antiguo club de lectura".

Como podréis imaginar, de este singular club de lectura no saldrán críticas, ni siquiera reseñas, al uso. Lo que salga será tan peculiar como todo lo que se cuece o, en este caso, se rompe, en este lugar de reunión virtual entre el Pasado y el Presente.

- Muy segura estás tú, bonita, de que nosotros nos vamos a leer todo esto - dice Martino, el centurión más guapo de todas las Hispanias, echando una mirada sesgada al montón de libros que he colocado para ellos sobre una mesita baja.

- Calla y escoge el que más te guste - le dice Sereno.
- ¿Y cómo sé si me gusta, o no, si no lo he leído todavía? 
- Por los colorines de fuera - interviene el centurión Canuleyo.
- ¡Anda ya! - protesta Martino.
- ¿Te decides o te decido? - le apremia Sereno.
- Tú siempre tan expeditivo, contubernal.

Un revuelo de faldas hace entrada en el salón. Un grupo de matronas llega del pasado en tromba.

 - ¿Y nosotras? - pregunta Matidia, sin poderse contener.

- ¿Podemos participar nosotras también? - la secunda Lucila.

- Yo no veo por qué no - dice Prisca, levantando bien la voz desde la cocina, donde se oye el trajín que se trae desde hace un buen rato, cuando se empeñó en dejarme algo de comida preparada para la semana - Todas sabemos leer y ya nos hemos acostumbrado al latín moderno que hablan nuestros descendientes, así que podemos hacer lo mismo que los pechos de lata.

Los centuriones, sin querer enfrentarse a las matronas, gruñen por lo bajo que las mujeres lectoras les van a frustrar la diversión. 

- Mi madre tiene razón - apunta Mariola - Nosotras también podríamos leer esas obras modernas y contarte lo que nos han parecido.

- ¡Pues claro que tengo razón! - chilla Prisca desde la cocina - Y, por eso y porque soy la más vieja de todos los presentes, voy a ser la primera en escoger el libro moderno que me voy a leer.

- Eso será si yo así lo dispongo - sentencia el tribuno Galo, que entra en el salón acompañado por un pequeño grupo de señores de avanzada edad vestidos a la griega. 

Mi casa empieza a parecerse al famoso "camarote de los hermanos Marx", en versión romana. Las señoras conquistan el sofá (menos mal que es un enorme diván de una antigua consulta de psiquiatra) y los sillones de la zona de estar, mientras los centuriones se atrincheran alrededor de la mesa del comedor, todos dispuestos a saltar para hacerse con alguno de los libros de la mesita baja, que se ha quedado en tierra de nadie. Prisca, al interrumpirla el tribuno, ha permanecido en la cocina, siguiendo la escena a través de una rendija de la puerta. Y el sileno, que lo contempla todo desde arriba, se parte de risa en el descansillo de la escalera.

- Bienvenido, Galo - saludo - ¿Quién te acompaña? Estos señores nunca habían estado antes por aquí...

- Cierto, Flaquilla - me responde el tribuno, cuya mirada ha sido atraída por la pila de libros de la mesita baja como por el más potente de los imanes.

Lo mismo sucede con sus sorprendidos acompañantes, que han pasado del pasmo inicial, por encontrarse en un tiempo futuro que jamás osaron imaginar de esta manera, a la curiosidad y el interés sumo por los libros, cuchicheando entre ellos en griego clásico.

- Son algunos de los miembros de mi círculo de amistades de Gades, filósofos interesadísimos por ver y entender cómo el género humano ha llegado hasta el futuro - me comenta Galo, por mera cortesía, pues ya veo que se ha aproximado a la mesita baja y lee sin disimulo los títulos de los libros en sus lomos - ¡Hummm!... Creo que leeré... Cierto, estimado amigo - responde a uno de sus venerables acompañantes - En el presente de nuestros descendientes, las obras no se escriben en rollos, sino en este formato de un material, muy práctico, que llamaron papel; y los títulos de las obras no van en forma de etiquetas colgantes. Y otro invento excelente, que llamaron imprenta, ha permitido hacer copias de las obras por miles...

Los griegos gaditanos se quedan maravillados ante los libros, que cogen de la mesita y sostienen en las manos con devoción casi religiosa.

- Si lo de la imprenta y los libros de papel los ha dejado así, en cuanto aquí, el tribuno magnífico, les explique a estos buenos filósofos lo de las cajas bizarras y los libros sin papel, se nos desmayan - comenta riendo entre dientes el primipilo Cornificio.

Bueno, queridos lectoras y lectores, ya sabemos que el primero en comentar con nosotros su lectura será el tribuno Galo. Pero qué libro ha escogido será un misterio hasta que él y yo publiquemos la entrada correspondiente... Se admiten apuestas 😉 

o-o-o-o-o-o 

NOTA ACLARATORIA:

Algunos lectores del blog y seguidores de las redes sociales me han preguntado sobre si en las novelas voy a hacer que los personajes viajen en el tiempo, o si, a la inversa, aparecerán personajes de nuestro tiempo (o cualquier otro futuro) en las tramas. La respuesta es NO. 

Como han podido ver al leer "Caballos de octubre", la concepción del tiempo es absolutamente canónica. Estamos ante una serie de novelas ambientadas en una época muy concreta de la antigüedad (entre los años 30 y 10 antes de Cristo). Son, pues, novelas históricas, no novelas de ficción fantástica. 

El que mis personajes viajen en el tiempo hasta nuestra época en el blog es sólo una licencia literaria que les permito y me permito, para hacer las entradas más amenas y para que los lectores se familiaricen con ellos. 

  

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